El Sábado Santo o Sábado del Silencio, fue un día de espera. Jesús había anunciado muchas veces que moriría y al tercer día resucitaría.
Jesús había muerto, pero su cuerpo no podía quedar en la cruz. Es por esto que uno de sus seguidores, José de Arimatea, pidió el cuerpo de Jesús para sepultarlo.
"Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue."
- Mateo 27:59-60
Ahora bien, vemos que ya habían puesto una gran piedra a la entrada del sepulcro, con lo cual era imposible que un muerto se levantara y la moviera para salir. Pero ciertos judíos aun recordaban que Jesús dijo que resucitaría, y, de hacerlo, pondría en jaque todo su sistema religioso, tal como sabemos que fue el caso. Es por esto que ellos propusieron vigilar la tumba.
"Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia."
- Mateo 27:62-66
Ellos tenían una teoría clara: los discípulos robarían el cuerpo y pretenderían que Jesús resucitó. ¡No conocían a los discípulos! Vemos que los discípulos luego de la muerte de Jesús se escondían por temor a que también quisieran matarlos a ellos. Los discípulos no estaban realmente esperando una resurrección, no estaban planeando una conspiración, estaban ocultándose por temor a los judíos.
Esto se nota con claridad cuando vemos la resurrección en Juan 20:19
"Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros."
- Juan 20:19
El Sábado fue un día de silencio, de espera, de expectativa. Mientras algunos discípulos estaban escondidos, los judíos no perdían chance de intentar evitar lo inevitable. Cristo iba a resucitar, no por conspiración de sus seguidores, sino por el poder del Dios que lo levantaría de la muerte. No había piedra o guardia romana que pudiera impedir su triunfo sobre la muerte.