La tristeza en el cristiano

La tristeza es una emoción que nos toca a todos. Todos tenemos recuerdos menos alegres que otros. Como cristianos no estamos exentos de ese sentimiento, mucho menos cuando pasan cosas realmente tristes como la pérdida de un ser querido. En el artículo de hoy me gustaría hablar de Ana, una mujer que atravesó tristeza, y de quien podemos aprender qué hacer cuando nos sentimos así.

"Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. 2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía."
- 1 Samuel 1:1-2

Ana era muy amada de su esposo, pero tenía este problema que le causaba gran tristeza: no tenía hijos. Este problema ya la ponía mal, pero además Penina, su rival, empeoraba la situación.

"Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. 7 Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía."
- 1 Samuel 1:6-7

Esto debe recordarnos que el enemigo no dejará pasar la oportunidad de irritarnos, haciéndonos enojar y entristecer. La mala voluntad de Penina solo empeoraba su situación, y de la misma manera el mundo, la carne o incluso satanás buscarán empeorar las malas situaciones que atravesamos para que finalmente nos enojemos con Dios y pequemos. La tristeza de Ana era tan profunda que ni siquiera quería comer. Era más fuerte su dolor del alma que su dolor de estómago.

Como si esto fuera poco, esperaríamos que su esposo la comprendiera y acompañara en su dolor, pero en vez de eso vemos que Elcana no podía entender el dolor de Ana por completo.

"Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?"
- 1 Samuel 1:8

Si había alguien que tenía que entenderla era su esposo; en el versículo 5 se ve claramente que él amaba más a Ana que a Penina, y aun así, no entendía su dolor, no lograba empatizar. Nosotros también muchas veces nos encontramos solos en medio de la tristeza.

"ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza."
- 1 Samuel 1:10-11

Ana no escuchó ni la irritación de su rival ni la incomprensión de su esposo, sino que decidió orar a Dios. No fue una oración donde veamos abundancia de palabras y gran teología, sino que vemos lo más simple posible: una mujer triste llorando abundantemente y derramando su corazón delante de Dios. Esta era una oración sincera, no le ocultó su dolor a Dios sino que le pidió ayuda para soportarlo y superarlo.

"Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste."
- 1 Samuel 1:18

Ana logró salir de ahí y comer, y no estuvo más triste. No había recibido su petición aún, pero su fe y confianza en el Señor le hicieron vivir como si no necesitara nada más.

La vida de Ana no se extiende más allá de los capítulos 1 y 2 y sin embargo su enseñanza es útil para cualquier cristiano de cualquier época y cualquier edad. La tristeza puede hundirte si persistís en ella, pero Dios nos da una salida: derramar el corazón delante de Él y confiar, aun antes de ver la respuesta.

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