Consejos en Proverbios - Parte 2

No soy una persona muy deportista, aquellos que me conocen pueden dar fe de eso. Nunca me gustó mucho el deporte, así que nunca me destaqué en ninguno. Quizá si me hubiera dedicado a practicar un deporte específico tanto como me dediqué a la guitarra o a los libros me hubiera ido mejor.

Por otro lado vemos grandes jugadores de distintos deportes que son muy buenos, excepcionales, tales como Messi o Cristiano Ronaldo. Estos se han destacado por un talento natural, pero también por su mucha dedicación hacia el fútbol.

Creo que estaríamos de acuerdo en que ni estos jugadores ni ningún otro entrenan para perder un partido. Todos entrenan para ser mejores, para tener éxito y ganar. ¿Verdad?

Así también, si uno se prepara para una pelea, o una guerra, espera ganar, ser vencedor y no ser vencido. Tal es el caso del caballo en Proverbios.

"El caballo se alista para el día de la batalla;
Mas Jehová es el que da la victoria."
- Proverbios 21:31

No importa cuánto se haya preparado un caballo para salir a pelear, Dios da la victoria. Aún más no importa la destreza del caballo ni la cantidad de soldados empleados. La victoria está en manos de Dios. No es que el caballo no se prepare, sino que aun en su mejor preparación, depende de Dios.

Claramente la enseñanza no es acerca de la guerra, sino acerca de dónde uno pone su confianza. El soldado que se prepara para la guerra ¿confía más en sus caballos que en Dios?

Pensémoslo en términos cotidianos. En cuanto a provisión ¿confío más en mi habilidad como trabajador que en la promesa de Dios? En cuanto a los problemas ¿confío en mi sabiduría para resolverlos, o en la sabiduría de Dios? En cuanto a las pruebas ¿confío en la fuerza que el Espíritu Santo me otorga, o en mi propia fuerza?

La Biblia es clara en ese sentido.

"Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia."
- Proverbios 3:5

Puedo ser sabio, habilidoso y fuerte, pero todo eso es un desperdicio si pongo mi confianza en esas cosas antes que en Dios (que es Quien me dio esas habilidades en primer lugar). El caballo es ágil, fuerte, imponente, rápido y valiente, y aun así la victoria depende más de Dios que de esas cualidades.

A esto puede seguirle una pregunta muy lógica: si depende de Dios, entonces ¿para qué esforzarme? Si Dios me proveerá ¿por qué trabajar diligentemente? Si Dios me saca de la prueba ¿para qué velar y orar?

Muy bien, hay un versículo en Salmos que nos ayudará a despejar esas dudas.

"Si Jehová no edificare la casa,
En vano trabajan los que la edifican;
Si Jehová no guardare la ciudad,
En vano vela la guardia."
- Salmos 127:1

Un momento, ¡este versículo parece favorecer el punto contrario! No importa si trabajo o no, después de todo depende de Dios edificar o no la casa. Muy bien, pensar así es un error, porque no dice el versículo que Dios edificará la casa de una persona perezosa, sino que aquellos que trabajan en edificar una casa, o velan para guardar una ciudad, necesitan que Dios confirme las obras de sus manos. De modo que debemos edificar la casa confiando en que Dios confirmará esa obra.

Y lo mismo para los demás problemas de la vida. Debo ser un trabajador diligente y ejemplar, y al mismo tiempo confiar en que no mis manos, sino la mano de Dios, es la que me provee. Debo fortalecerme para el día de la prueba, pero para nada confiar en mis fuerzas, sino en las fuerzas que Dios mismo me da.

Pensar de esta manera es mucho mejor. Todos los problemas que para mí son grandes, puedo pasarlos con las fuerzas de un Dios que es más grande que el problema. No solo eso, sino que sus fuerzas son mayores que las mías para enfrentar el problema. Esto no me quita responsabilidad, porque me tengo que esforzar y está en mis manos ser diligente, esforzado y "prepararme para la batalla".

Así que en nuestras manos está prepararnos, y en las de Dios está la victoria.

← Consejos en Proverbios - Parte 1 Volver al Inicio Próximamente →