Como seres humanos tenemos muchas cosas en común. Algunas cosas como gustos en colores, preferencias en la música y cosas por el estilo. Pero una cosa que todos compartimos, y no lo pensamos demasiado, es que a todos nos dan asco ciertas cosas.
Intentaré no ser específico, pero imagino que a todos nos dan asco ciertas cosas, la basura, algunos desechos e incluso algunos animales en particular.
¡Gracias a Dios nos dan asco ciertas cosas! Ese asco nos impide acercarnos a esas cosas, seamos sinceros, no queremos pensarlas, ni siquiera escribirlas, con tal de mantenerlas lejos de nosotros. En mi caso, me dan asco las ratas, puedo soportarlas, pero de ninguna manera me acercaría a una por gusto.
Si perdiera el asco, tal vez la próxima vez que viera una rata, no saldría corriendo, sino que la dejaría acercarse a mí, lo que me expone al riesgo de enfermarme. Lo mismo si no me diera asco, por dar otro ejemplo, una manzana podrida, me la comería, y tendría sus consecuencias.
Claramente no quiero perder el asco. Pero esto me lleva a pensar en otra cosa: el pecado.
Tengo miedo de perderle el asco al pecado. Correría el riesgo de correr tras él y llevarme el castigo que corresponda.
Cuando David pecó, él escondió su pecado durante un tiempo. Pero cuando su pecado fue descubierto eso dio paso al Salmo 51, el cual es bueno que leamos regularmente. En este Salmo podemos ver a través de David, el asco que él tuvo de su pecado.
"Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. 2 Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. 3 Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí."
- Salmos 51:1-3
Las expresiones de este salmo son claras. Pide piedad basado en las misericordias de Dios, las cuales son nuevas cada mañana (Lam 3:22-23), porque David sabe que Dios puede perdonarlo, que está dispuesto a hacerlo.
Quizá lo más descriptivo es el versículo 2: "Lávame más y más" y "límpiame". ¿Qué clase de persona pide limpieza tan desesperada? Podríamos deducir que esta petición viene de una persona que está sucia, entonces pide limpieza, por su suciedad. Pero es más que eso, la petición viene de una persona que tiene asco de la suciedad que reconoce tener. Suciedad que él mismo se ha causado, el mismo se echó al barro, él mismo se arrojó de cabeza al pecado (vs 3).
¿Qué situación es esta? Debemos entender que por un tiempo, como nos puede pasar a nosotros, David perdió el asco al pecado.
Vio el pecado, pero no vio (o no quiso ver) la suciedad que le rodeaba, se dejó llevar por su carne, se dejó llevar por sus propios deseos. Pensó que podía meter la mano en el barro y sacarla limpia.
Esta misma trampa es la que enfrentamos día a día como cristianos. El pecado no se presenta sucio, se presenta lindo, peinadito y arregladito. Se nos acerca con buenos modales y nos invita a pasar un tiempo divertidísimo. ¿El precio? No te preocupes por eso.
¡No nos dejemos engañar! El pecado parece un buen negocio, pero nos dejará en el barro y la suciedad que lleva en sí mismo. ¿Nos dejaremos ensuciar por el pecado? ¿Así nos manejamos en el día a día? ¿Cuando salimos de bañarnos, salimos a arrastrarnos al barro, o tratamos de mantenernos limpios?
Si tenemos asco del pecado, lograremos mantenernos alejados de él, lo suficiente como para no salir a buscarlo.
Dios quiere que reconozcamos nuestra rebeldía y que no la escondamos. Ante Dios no podemos ocultar el pecado. Por eso su Palabra dice:
"El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia."
- Proverbios 28:13
Yo oro a Dios que no me deje caer en la tentación y que me ayude a no pecar. Que así como me lavó el día que me salvó, me mantenga ahora limpio y alejado del mal. Dios es perdonador, si confesamos y nos apartamos tendremos la misericordia que tanto necesitamos, la misma que David buscaba.
Dios nos guarda y nos perdona. Pero es nuestra responsabilidad alejarnos del pecado. Es parte de nuestro oficio evitar el barro y la suciedad. Pero también nos corresponde, en caso de tropezar y caer en el barro, confesar y apartarnos.