Venid a las aguas

"A todos los sedientos: Venid a las aguas;"

Así comienza el capítulo 55 de Isaías, un capítulo que personalmente, me ha servido muchas veces. Yo soy el sediento, soy como el ciervo que brama por las corrientes de las aguas.

El agua es una necesidad básica del ser humano. No podríamos sobrevivir más de 3 días sin hidratarnos. Esto es hasta lógico, ya que el 70% de nuestro cuerpo es agua. Pasar sed no es nada agradable, nos puede nublar la mente y hacernos sentir mal. Pero ¡qué agradable cuando tomamos agua finalmente! Nos vuelve el alma al cuerpo.

De modo que todos pasamos sed alguna vez. Un salmista también pasó sed y lo escribió así:

"Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?"
- Salmos 42:2

El salmo 42 nos muestra a una persona abatida, triste e incluso angustiada. Y en esa angustia es que declara su sed, pero ¡qué curioso! ¿Por qué no habla de agua, sino de Dios? Es porque se trata de poesía simplemente. Nuestra sed de agua es comparable con nuestra sed de Dios. Personalmente nunca he pasado más de 24 horas sin tomar de esta fuente de agua viva, que es nuestro Dios.

¿Has tenido sed de Dios? ¿Has sentido una necesidad insaciable en tu alma? ¿Has sentido un vacío en tu interior que no lograste llenar aunque lo intentaste persistentemente? ¿Te has sentido solo y abandonado aún estando rodeado de tus más cercanos? Cuando no le encontramos sentido a la vida, es cuando más deshidratados de Dios estamos. Una persona que no bebe agua solamente se debilita más y más hasta morir. ¿Qué nos pasaría a nosotros si dejamos de beber el agua que sacia nuestras almas?

Por eso Isaías 55 es clave para mi vida, y creo que puede serlo para la tuya, porque Dios me llama a mí (y también a vos, si te consideras sediento) a beber de su fuente de agua.

También dice entre los versículos 2 y 3:

"...Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. 3 Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma;..."

Espiritualmente no bebemos el agua que Dios nos ofrece con nuestras bocas, sino con nuestros oídos, y también podemos hacerlo con los ojos, si disponemos de una biblia.

Su palabra es nuestra fuente de agua. Es todo lo que tenemos para conocer a Dios y para acercarnos a Él. ¿Cómo es Dios? Su palabra lo describe. ¿Qué le agrada a Dios? Su palabra lo enseña. ¿Qué camino debo seguir? Su palabra ilumina el camino a seguir. Pero ¿y si tengo miedo? Su palabra echará fuera todo temor. Pero ¿cómo sacio mi sed? Buscando en su palabra sencillamente.

Cabe aclarar que aquí me refiero a buscar a Dios en su palabra enfáticamente, pero también es crucial para nuestras almas acercarnos en oración, de lo cual hablaremos en el siguiente blog. Mientras tanto continuemos con Isaías.

"6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar."
- Isaías 55:6-7

Dos cosas nos caben aclarar acá. Creemos que tenemos todo el tiempo del mundo en nuestra vida, y pasamos a posponer el saciar esta sed. Si tengo agua en casa y de pronto tengo sed, es probable que me diga a mí mismo "Tengo tiempo, no necesito correr para tomar agua, voy a esperar un poco". Pero recomiendo fuertemente que no tomemos esa práctica con Dios, tan pronto sintamos la más pequeña sed, corramos a Él. Busquémosle mientras puede ser hallado.

En segundo lugar, parte de buscar a Dios consiste en obedecerle. Si leemos la palabra, y nos indica un camino a seguir, tomar el camino que nuestro engañoso corazón propone sería semejante a derramar el agua que intentamos beber. Debemos dejar nuestros malos caminos, abandonar nuestros pensamientos contaminados por el mundo, y acercarnos a Dios en obediencia a su palabra.

Dios será amplio en perdonar, porque es perdonador. No está esperándonos con resentimiento sino que quiere que nos arrepintamos de nuestra maldad y busquemos su misericordia. Quizá en tu vida siempre despreciaste el agua que Él te ofrecía; es entonces tiempo de aceptar el agua que Él ofrece; es tiempo de acercarnos a Dios.

Siguiendo este camino ¿Cómo tendríamos sed alguna vez? ¡La deshidratación ni siquiera suena probable! porque esta fuente no se termina nunca. Cuando decidamos beber del agua de nuestro amado Dios, entonces vivirá nuestra alma.

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