Pocas cosas tenemos que sean tan valiosas como el tiempo. Tanto es así que decimos: el tiempo es oro. Intentamos hacer un uso correcto del tiempo, aquellos que son diligentes se encargan de hacer las cosas importantes, antes de dedicarse al ocio.
La situación es complicada porque vivimos a full. Corremos contra el tiempo intentando meter en un día más actividades de las que podemos. En toda esa vorágine nos olvidamos de Dios.
Esta pregunta es para que seamos sinceros: ¿Cuánto tiempo pasamos hablando con Dios? Poco, seguramente. Pero tenemos razones: nos falta tiempo. Es verdad que el tiempo es limitado, pero esa razón es en realidad una excusa.
Veamos el ejemplo de Jesús: Él era un hombre muy ocupado. Siempre estaba hablando del padre, ayudando a otros o enseñando a multitudes. Pero nunca lo vemos quejarse de su falta de tiempo. Acá podrían decirme "No es justa la comparación, Jesús es Dios mismo". Es verdad, Jesús es Dios, sin embargo él nos dio su ejemplo para que lo sigamos. Para contestar esto te pregunto: ¿Qué harías si te digo que te quedan 6 horas de libertad y luego de estas, te van a llevar preso, a torturar y a matar? Quizá buscarías a tu familia, le expresarías tu amor, darías unas últimas palabras, o intentarías escapar. Jesús en esa misma situación (hipotética para nosotros) dedicó tiempo a orar.
"Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro."
- Mateo 26:36
¡Jesús podía poner muchísimas excusas! Incluso podía decir "Ya voy a mi Padre, no hay necesidad de orar" Pero aún así se dedicó a la oración. Tanto tiempo oró que los discípulos que lo acompañaban se quedaban dormidos intentando seguirle el ritmo. En otras palabras, Jesús también podría haber dicho "Estoy cansado". Jesús sabía que no volvería a dormir y aun así decidió orar. Lo que les dijo a sus discípulos resuena en nuestras vidas aún hoy:
"Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil."
- Mateo 26:41
Jesús sabe que nuestra carne nos complica la oración. La dificultad es palpable: No queremos orar. Pero gracias a Dios que el espíritu está dispuesto; es por esto que podemos decir: "No se trata de lo que yo quiera, sino de lo que Dios quiera" Yo no quiero orar, pero Dios me dice "Ora". ¿Qué excusa válida podría ponerle al Señor?
Volvamos a preguntarnos: ¿Qué haríamos si solo nos quedaran 6 horas de libertad? Creo que estaríamos más inclinados a orar si consideramos que nuestro maestro usó su último resto de tiempo para orar. Nosotros no somos mejores que Jesús, así que haríamos bien en seguir sus pasos.