Amar es obedecer

Hay muchas maneras de expresar nuestro amor a otras personas. Quizá alguno escribiría una carta donde declararía con hermosas palabras su afecto a su persona amada. Otros podrían componer una canción para expresar sus sentimientos. Hay muchas otras maneras de hacer saber a la otra persona que la amamos. Al parecer nos concentramos mucho en las palabras, pero ¿Qué hay de nuestras acciones?

Me gusta el siguiente ejemplo: Si yo digo que amo a mi esposa, le escribo cartas y canciones, le traigo flores y chocolates, pero ese mismo día la engaño con otra mujer ¿La amo realmente? ¿Valen de algo esas palabras y esos regalos? Pienso que no.

Es que cuando amamos a alguien eso nos llevará a acciones claras, no solo regalos o palabras cariñosas, sino también una fuerte fidelidad, un alto respeto y una búsqueda del bien del otro.

Sabemos esto muy bien, pero cuando se trata de Dios cambiamos nuestros parámetros y pasamos a ser como el esposo infiel del ejemplo anterior. Decimos amar a Dios, vamos a la iglesia y cantamos canciones, pero cuando estamos solos, engañamos a Dios buscando nuestros propios deseos y embarrándonos en la suciedad del pecado.

Jesús fue muy claro acerca de cómo se comporta una persona que dice amarle:

"Si me amáis, guardad mis mandamientos."
- Juan 14:15

No podría ser más simple. No nos dice "Si me aman, vayan a la iglesia todos los domingos y canten" o "Si me aman, tienen que dar ofrenda de dinero". Nada de eso, si le amamos obedecemos lo que Él nos manda a hacer. Ah pero ¿cómo sabremos lo que tenemos que hacer? Para guardar sus mandamientos, debemos conocer sus mandamientos. En otras palabras, debemos leer la Biblia. Debemos leerla para conocer a Dios, hacer las cosas que a Él le agradan y evitar las cosas que Él condena (que son las cosas que desea nuestra carne).

Tan importante es este versículo que Jesús lo enfatizó dos veces más:

Primero de manera positiva en Juan 14:21

"El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él."
- Juan 14:21

Luego en su forma negativa, expresa lo mismo.

"El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió."
- Juan 14:24

Tengo que poseer sus mandamientos (conocerlos) para guardarlos (obedecerlos). De esa manera demuestro que amo a Dios. Esto a su vez tiene una promesa de su parte, si le amamos, seremos amados del Padre y de Jesús.

Pero también vemos que hay una marca distintiva del malvado que no ama a Jesús: no le hace caso ni le obedece. Probablemente no sea por ignorancia solamente, sino también por propia resolución como es el caso expuesto en Romanos 1:21

"Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido."
- Romanos 1:21

Si conocemos a Dios, sus mandamientos, las cosas que le agradan y las que no, no seamos como el esposo infiel. El esposo infiel llena su boca con palabras hermosas y sus manos con regalos valiosos y expresivos, pero cuando está solo se olvida de esto y engaña a su mujer. Si amamos a Dios, es correcto expresarlo verbalmente, cantar, orar e incluso escribir (como intento hacer en este blog). Pero la mejor prueba de amor que le podemos dar no es ni nuestro servicio un domingo ni nuestras palabras, sino nuestra obediencia.

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