No es ningún secreto que vivimos en un mundo complejo, incluso complicado. Somos lanzados a la vida con muchas decisiones a tomar:
¿Qué estudiaremos? ¿Qué carrera seguiremos? ¿De qué trabajaremos? ¿Nos casaremos? De ser así, ¿con quién?
Por si fuera poco, a todas estas preguntas sin respuesta concreta debemos sumar las altas expectativas que otros tienen de nosotros, además de nuestras propias expectativas para nosotros mismos.
Todo esto tiene un costo claro. Nos produce estrés, ansiedad, angustia y depresión. En esta ocasión nos concentraremos en la ansiedad. Algunos han llamado a la ansiedad "exceso de futuro", es decir, pensar demasiado en decisiones que tenemos que tomar y cosas que debemos hacer (generalmente situaciones normales de la vida). Pero claramente no conocemos el futuro, y esta incertidumbre prende nuestras alarmas y dispara la ansiedad a niveles difíciles de manejar.
Es entonces, en estos momentos de debilidad, donde el poder de Dios se hace más visible. En mi propia vida Dios me habló a través de un pasaje que hoy me es fundamental: Filipenses 4:6-7
"Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."
- Filipenses 4:6-7
Aquí la palabra afanosos es equivalente a "preocupados" o "ansiosos". Este pasaje nos muestra entonces cuál es la clave para la ansiedad: la oración y el agradecimiento.
¿Tan simple?
Oración
Nos anima a presentarnos delante de Dios y derramar nuestro corazón ante Él, de forma tal que nuestras peticiones sean claras en cada oración y ruego. Notemos esto: un ruego no es una petición "así nomás", no se trata de una oración superficial, es más bien un momento donde nos mostramos débiles ante el Todopoderoso. Donde decidimos confiar en Dios y no en nosotros u otros factores externos. Es un momento de sinceridad ante Dios.
Agradecimiento
También nos dice que estas peticiones y ruegos deben ser con "acción de gracias", es decir, dando gracias por todo. Es que el ser agradecidos nos ayuda a ver las cosas que Dios nos ha dado y de las que nos ha guardado, así como cosas que no nos ha dado para nuestro bien. Dios es bueno y yo debería ser agradecido con Él, lo contrario a esto sería quejarme por todo, claramente quejarme no va a ayudar contra la ansiedad, sino que la aumentará.
Es entonces que la paz de Dios se hace visible, al confiar en Él, al orar, al ser agradecido. Dios nos dice que su paz, que sobrepasa todo entendimiento, toda sabiduría y toda explicación, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. Mis pensamientos pueden llevarme a tener ansiedad, golpeando también mi corazón y debilitando hasta todos mis sentimientos, pero no debo preocuparme, pues es Dios quien me guarda.
Esta debe ser nuestra seguridad: solo Dios puede guardar nuestro corazón. También en Isaías 26:3 vemos algo similar:
"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado."
- Isaías 26:3
En nosotros está el confiar en Dios y no en otra cosa, podría confiar en mí mismo, mis fuerzas, en amigos, familiares, dinero, incluso en deportes o artes que "despejen mi mente", pero nada me guardará en completa paz, como Dios puede hacerlo.
Solo Él es nuestro refugio. Escribo esto porque la ansiedad ha sido una lucha en mi vida como lo es en la de muchos cristianos, y si hoy me encuentro tranquilo no es por una receta mágica o por algún método oculto, sino porque decidí poner mi confianza en Aquel que no cambia.
Una de las causas generales de la ansiedad es la incertidumbre del futuro, cómo las cosas van a resultar, cómo el mundo se moverá, cómo las personas cambiarán. Pero Dios no cambia, Él es el mismo ayer, hoy y para siempre. Dios nos ama y nos guarda en completa paz, solo Él es nuestro sustento.
En Salmos 119:28 encontramos que quien escribe vivía una situación similar a la de muchos de nosotros, pero también él puso su confianza en el Dios del universo.
"Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según tu palabra."
- Salmos 119:28
No era una ansiedad leve, su alma se rompía en pedazos, pero confiaba en que Dios lo sustentaría, en que Él podía mantener su alma entera. Solo Dios puede guardar nuestros corazones y nuestros pensamientos de esa manera, con esa paz que nadie más puede ofrecer, esa paz que excede todo entendimiento y explicación, la Paz de Dios.
Busquemos cada día un tiempo para orar a nuestro Padre, agradeciendo por cada bendición que nos ha dado, y decidamos confiar en Él, aun cuando el futuro sea incierto o nos preocupe. Aunque se deshaga nuestra alma de ansiedad, que podamos confiar y recibir la paz que sobrepasa todo entendimiento.