"Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca."
- 1 Juan 5:18
Este blog siempre ha apuntado a cristianos de cualquier nivel de madurez, y en parte también a aquellos que aún no conocen a Cristo. Como cristianos muchas veces entramos en momentos de duda del estilo: ¿Seré salvo realmente? ¿Vive dentro de mí el Espíritu Santo?
Estas dudas son comunes, pero somos llamados a despejarlas de manera tajante. Para poder quitarme esta duda basta con un examen al interior, tal como el que pretendo que hagamos hoy.
Juan nos dice, el que ha nacido de Dios, no practica el pecado. De modo que una manera rápida y eficaz de verificar mi salvación es mirar mi inclinación al pecado. Debemos aclarar que como cristianos pecamos, sí, y bastante más seguido de lo que quisiéramos. Pero una cosa es pecar de manera accidental, cayendo en un pecado por el descuido de mi vida espiritual, de la oración o la meditación en la palabra, y otra cosa distinta es el pecado regular.
El pecador regular es quien practica el pecado en la manera en que se refiere Juan en su carta. Es aquel que puede quebrar la ley de Dios sin lamentarse y creyendo que no tendrá consecuencias. Es aquel necio que tuerce su camino, pero cuando le va mal le echa la culpa a Dios.
Si usted es verdaderamente cristiano, no pecará de esa manera. En primer lugar porque como dice la carta, Dios nos guarda, pero además porque hay en nosotros una nueva aversión al pecado, puesta por el Espíritu Santo, de modo que el cristiano que peca sabe que está yendo contra la voluntad de Dios y se duele por ello.
Pero además hay otra cuestión que Juan expone claramente: A pesar de que el maligno gobierna el mundo, al cristiano no le toca.
"Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno."
- 1 Juan 5:19
Nosotros somos de Dios y Dios mismo nos guarda para que el mismo que con sus manos destruye este mundo y a quienes le siguen, no nos destruya a nosotros. No debemos olvidar que Jesús nos advirtió acerca de Satanás en Juan 10:10 avisándonos que "El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir;".
"Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna."
- 1 Juan 5:20
Estos versículos rápidamente recuerdan a la segunda parte de Juan 10:10 "yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia."
Si estamos en Dios, si somos cristianos, si hemos creído en Dios, en Cristo su Hijo, quien vino para morir en nuestro lugar y darnos su justicia; y a quien la muerte no pudo retener ya que resucitó al tercer día, ascendió al cielo y se sentó a la diestra de Dios y a quien esperamos ver venir de los cielos una segunda vez, entonces tenemos verdadera seguridad de salvación. Pero si en algún momento dudamos, un rápido examen a nuestros hábitos es útil: ¿Batallo siempre con el mismo pecado y caigo? ¿Sigo siendo esclavo del pecado? ¿Siento dolor por el pecado en los casos en los que caigo? ¿O puedo pecar sin remordimientos? Esas preguntas son útiles para también afirmarnos en nuestra fe.
Antes de terminar me gustaría mencionar que Juan cuando termina la carta, deja un último mensaje, casi como si estuviera apurado por terminar de escribir; sin embargo es un mensaje que nos servirá también para acercarnos cada día más a Dios:
"Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén."
- 1 Juan 5:21
Si estamos en Cristo y le seguimos, nos guardaremos de todo aquello que quiera tomar el lugar de Dios en nuestros corazones. Si hay algo en lo que nos afirmamos más que en Dios, o a lo que amamos más que a Dios, entonces todas nuestras alarmas deberían encenderse y deberíamos correr a solucionar ese problema, para no caer luego en idolatría, lo cual es pecado.